jueves, 2 de diciembre de 2010

Oraciòn Durante La Noche

Tù has probado mi corazòn, me has visitado de noche; me has puesto a prueba, y nada inicuo hallaste; he resuelto que mi boca no haga transgresiòn. Salmos 17:3.

Anoche 1ro. de Diciembre pasè por una gran experiencia. Me pareciò estar en una reuniòn en la que habìa numerosas personas; muchos eran creyentes y algunos, incrèdulos. En cierto momento los presentes se dividieron en varios grupos pequeños. Yo sentìa una carga especial y habìa dirigido mis cometarios a unos pocos que estaban siendo tentados por el enemigo. Albergaban ideas que no eran correctas, y que los conducian a negar la verdad. El tiempo en el cual vivimos es un periodo de gran tentaciòn, en cual existe el peligro de dar oìdo a sugerencias y sentimientos erròneos procedentes de espìritus seductores, de vincularnos con àngeles malos, y de presentar tales ideas como la verdad presente . Se manifestaba un profundo interès en el escudriñamiento de las Escrituras.
Sentì un necesidad especial de orar. El peligro en que se hallaban estas almas representaba un peso demasiado grande para mì .
Derramè la carga de mi alma delante del Señor, suplicando fervientemente para que Dios quebarantara el poder del enemigo nos liberara, a fin de que las mentes de los amados que estaban siendo tentados fueran libradas y la verdad preciosa briallara en medio de las tinieblas morales. Presentè mi ruego delante del Señor para que viniera en ayuda de su pueblo y magnificara la verdad, a fin de que los desaprensivos no fueran engañados durante este perìodo de gran peligro. Presentè delante del Señor nuestra gran necesidad: que fuera otorgada a su pueblo una gran ayuda especial, en armonìa con la estabilidad de sus atributos
(de Dios), para que obrara en nuestro favor y contestara nuestras oraciones para gloria de su propio nombre.

Me sentìa como que me elevaba cada vez a mayores alturas. Supliquè ante Dios para que accediera a nuestras ferbientes oraciones y permitiera que su verdad para este tiempo apareciera en toda su dignidad, su belleza y su gracia salvadora; que asì como a menudo habìa dado a conocer otra vez su verdad clara y sagrada, sin mezcla de paja... Seguì suplicando, y sentì que el Señor se habìa comprometido consigo mismo. Se produjo la victoria y despertè pregonando audiblemente, con gozo, que el Señor nos habìa manifestado su gracia, su verdad y su salvaciòn.
Por lo que comentaron los mienbros de mi familia supe que mi oraciòn habìa sido pronuncida mientras dormìa.
La preciosa bondad y el amor para comigo me dieron consuelo, fortaleza y gozo. Sentì que se renovaban en mì la esperanza y el ànimo porque llegarìa la liberaciòn para las almas. La Palabra de Dios permanecerà eternamente y para siempre.
E.G.W.

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