lunes, 9 de mayo de 2011

CRISTO DE RELACIONABA CON LA GENTE

Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí. y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos. Mateo 19:14.

Nuestro Salvador no vivió en reclusión misteriosa durante los años que precediron a su ministerio público. Vivió con sus padres en Nazaret, y trabajó con José en el oficio de carpintero. Su vida fue sencilla, libre de cualquier extravagancia o despilfarro. Cuando llegó el tiempo de comenzar su ministerio público, salió para proclamar el Evangelio del reino. Hasta el fin de su obra conservó la secillez de sus hábitos. Eligió a sus ayudantes de las clases más bajas de la sociedad. Los primeros discípulos fueron humildes pescadores de Galilea. Su enseñanza fue tan sencilla que los niños podían comprenderla, y después se los podía escuchar repitiendo sus palabras. Todo lo que hizo y dijo poseía el encanto de la sencillez.

Cristo fue un cuidadoso observador, percibió muchas cosas que los demás pasaron por alto. Siempre estubo dispuesto a ayudar, siempre listo para hablar palabras de esperanza y de simpatía a los desanimados y atribulados. Permitió que la muchedumbre lo apretujara sin quejarse, aunque a veces casi fue levantado en vilo. Cuando se encontró con un funeral no paso de largo indiferentemente. La tristeza se reflejó en su semblante al contemplar la muerte, y lloró con los enlutados.

Cuando los niños recogían las flores silvestres que crecían tan abundantemente a su alrededor y se apiñaban para presentárselas como pequeñas ofrendas, las recibía alegremente, les sonreía y expresaba su gozo al ver tanta variedad de flores.

Estos niños eran su herencia. Sabemos que vino para rescatarlos del enemigo mediante su muerte sobre la cruz de Calvario . Les habló palabras que guardaron en sus corazones. Se sintienron gozosos al pensar que apreciaba sus dones y les hablaba en forma tan amorosa.

Cristo oservaba a los niños en sus juegos y a menudo expresaba su aprobación cuando obtenían una victoria inocente en alguna cosa que estaban decidos a hacer. Entonó cantos para esos niños utilizando palabras dulces y benditas.
Ellos sabían que los amaba. Nunca les frunció el seño. Compartió sus gozos y tristezas infantiles. A menudo recogía flores y después de señalarles su belleza, se las dejaba como regalo. El había hecho las flores y se deleitaba en señalar su hermosura.
Se ha dicho que Jesús nunca sonrió. Esto so es exacto. Un niño en su inocencia y pureza hacía brotar de su labios un cántico de gozo.
E.G.W.

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