Entonces dirà tambièn a los de la izquierda: Apartaos de mì, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus àngeles. Mateo: 25:41
Es posible que los hombres rindan al Salvador un homenaje externo, que sean cristianos profesos, que posean una forma de piedad, mientras que el corazòn cuya fidelidad, El estima por encima de todo, estè separado de El. Los tales tienen nombre de vivos pero estàn muertos.
A la cena del Cordero llegaràn muchos que no poseen el traje de bodas ; el manto comprado (por Cristo) para ellos con su sangre. De labios que nunca cometieron error brotaron las palabras: ¨Amigo, ¿ Còmo entraste aquì, sin estar vestido de boda?¨ (Mateo 22:12). Aquellos a quienes se dirigen estas palabras, enmudecen. Saben que hablar serà en vano. La verdad, con su poder santificador, no ha sido introducida en el alma, y la lengua que una vez hablò valientemente permanece ahora en silencio. Entònces se pronuncian las palabras: ¨Quitadlos de mi presencia. No son dignos de gustar mi cena¨(Vease Lucas :14:24).
A medida que son apartados de los fieles, Cristo los considera con profunda tristeza. Ensorberbecidos con autosuficiencia piensan que todo va bien con sus almas. Pero en el ùltimo gran dìa el espejo de la investigaciòn les revela la iniquidad que sus corazones han practicado y, al mismo tiempo, les muestra la imposibilidad de reforma. Se realizò todo esfuerzo para guiarlos al arrepentimiento. Pero rehusaron humillar sus corazones . Ahora se escucha el amargo lamento: ¨Pasò la siega, terminò el verano, y nosotros no hemos sido salvos¨(Jermìas: 8:20).
E.G.W.
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