¨El diablo entonces le dejò; y he aquì vinieron àngeles y le servìan¨(Mateo: 11).
Despuès que el enemigo hubo huido, Jesùs cayò exhausto al suelo. Habìa soportado la prueba, mas ahora desmayaba en el campo de batalla. ¿Què mano hubo allì para sostener su cabeza? ¿Quièn le ofreceria cuidado y atenciòn para que pudiera recuperar sus fuerzas?¿Serìa abandonado a su suerte luego de haber conquistado la victoria? Oh, no; los àngeles del cielo habìan contemplado el conflicto con enorme interès y ahora acudieron a atender al Hijo de Dios, mientras estaba postrado como moribundo. Fue fortalecido con alimentos y consolado por un mensaje de su Padre, asì como la seguridad de que todo el cielo habìa triunfado en su victoria. Y asì regresò del desierto para proclamar con poder su mensaje de misericordia y salvaciòn.
¿Què habrìa ocurrido si Satanàs hubiera logrado la victoria?¿Cual serìa nuestra esperanza? Cristo vino a revelar a los mundos no caìdos, a los àngeles y a la raza humana, que en la ley de Dios no hay restricciòn que no podamos obedecer. Vino a representar a Dios en la humanidad. Cumpliò cada uno de los requerimientos que se nos pide obedecer.
En sus conflictos con Satanàs, la familia humana recibe toda la ayuda que tubo Cristo. No necesitamos ser vencidos. Podemos ser màs que vencedores, mediante Aquel que nos ha amado y a dado su vida por nosotros... En su humanidad, el hijo de Dios lucho con las mismìsimas terribles y aparentemente abrumadoras tentaciones que asaltan al hombre: Tentaciones a complacer el apetito, a aventurarse atrevidamente donde Dios no nos conduce y a adorar al Dios de este mundo, a sacrificar una eternidad de bienaventuranza por los placeres facinadores de esta vida. Cada uno serà tentado, pero declara la palabra que no seremos tentados màs allà de lo que podamos soportar. Podemos resistir y vencer al astuto enemigo. Cada alma tiene un cielo que ganar y un infierno que evitar y los seres angelicales siempre estan dispuestos a venir en ayuda del alma probada y tentada. El el Hijo del Dios infinito soportò la prueba y la aflicciòn en nuestro lugar. Delante de cada alma se levanta vìvidamente la cruz del calvario cuando sean juzgados los casos de todos, ellos (los perdidos) seràn entregados para sufrir por haber despreciado a Dios, por no haber tomado en cuenta el honor Divino y por su desobediencia. Nadie tendrà excusa nadie necesitarà haber perecido. Dependiò de su propia elecciòn quièn habrìa de ser su principe, Cristo o Satanàs. Toda ayuda que recibiò Cristo la puede recibir cada hombre en la gran prueba.
E.G.W.
Despuès que el enemigo hubo huido, Jesùs cayò exhausto al suelo. Habìa soportado la prueba, mas ahora desmayaba en el campo de batalla. ¿Què mano hubo allì para sostener su cabeza? ¿Quièn le ofreceria cuidado y atenciòn para que pudiera recuperar sus fuerzas?¿Serìa abandonado a su suerte luego de haber conquistado la victoria? Oh, no; los àngeles del cielo habìan contemplado el conflicto con enorme interès y ahora acudieron a atender al Hijo de Dios, mientras estaba postrado como moribundo. Fue fortalecido con alimentos y consolado por un mensaje de su Padre, asì como la seguridad de que todo el cielo habìa triunfado en su victoria. Y asì regresò del desierto para proclamar con poder su mensaje de misericordia y salvaciòn.
¿Què habrìa ocurrido si Satanàs hubiera logrado la victoria?¿Cual serìa nuestra esperanza? Cristo vino a revelar a los mundos no caìdos, a los àngeles y a la raza humana, que en la ley de Dios no hay restricciòn que no podamos obedecer. Vino a representar a Dios en la humanidad. Cumpliò cada uno de los requerimientos que se nos pide obedecer.
En sus conflictos con Satanàs, la familia humana recibe toda la ayuda que tubo Cristo. No necesitamos ser vencidos. Podemos ser màs que vencedores, mediante Aquel que nos ha amado y a dado su vida por nosotros... En su humanidad, el hijo de Dios lucho con las mismìsimas terribles y aparentemente abrumadoras tentaciones que asaltan al hombre: Tentaciones a complacer el apetito, a aventurarse atrevidamente donde Dios no nos conduce y a adorar al Dios de este mundo, a sacrificar una eternidad de bienaventuranza por los placeres facinadores de esta vida. Cada uno serà tentado, pero declara la palabra que no seremos tentados màs allà de lo que podamos soportar. Podemos resistir y vencer al astuto enemigo. Cada alma tiene un cielo que ganar y un infierno que evitar y los seres angelicales siempre estan dispuestos a venir en ayuda del alma probada y tentada. El el Hijo del Dios infinito soportò la prueba y la aflicciòn en nuestro lugar. Delante de cada alma se levanta vìvidamente la cruz del calvario cuando sean juzgados los casos de todos, ellos (los perdidos) seràn entregados para sufrir por haber despreciado a Dios, por no haber tomado en cuenta el honor Divino y por su desobediencia. Nadie tendrà excusa nadie necesitarà haber perecido. Dependiò de su propia elecciòn quièn habrìa de ser su principe, Cristo o Satanàs. Toda ayuda que recibiò Cristo la puede recibir cada hombre en la gran prueba.
E.G.W.
No hay comentarios:
Publicar un comentario