jueves, 1 de julio de 2010

SE NECESITA CONSTANTE ORACIÒN PARA RESISTIR LAS ARTIMAÑAS DE SATANAS

¨Jesùs lleno del espiritu Santo, volviò del Jordàn y fue llevado por el Espìritu ala decierto¨(Lucas 4:1)

En ocaciòn del bautismo de Cristo, se oyò la voz del cielo que decìa : ¨Este es mi hijo amado en el cual tengo contentamiento.¨Inmediatamente despùes de este episodio, Cristo fue al decierto de la tentaciòn y comenzò allì un prolongado ayuno y, en medio de su debilidad, Satanàs vino y lo tentò.
¿Porquè fue conducido Cristo al decierto para ser tentado al comienzo de su ministerio? Fuè el Espiritu quèn lo llevò. Por lo tanto no fue por que lo necesitara personalmente, si no en nuestro favor, para vencer por nosotros . No fue movido por impulso. Fue guiado por el Espìritu y su humanidad fue probada como uno que habrìa de estar a la cabeza de la raza caìda.
Cristo habìa estado y estaba en perfecta armonìa con el padre. Iba a ser probado como representante de la raza humana. El Espìritu lo condujo al decierto para ser frente al enemigo en un encuentro personal, con el fin de vencer a aquel que pretendìa ser cabeza de los reinos del mundo.
Cristo ayunò mientras estaba en el decierto, pero era indiferente al hambre. Cristo en constante oraciòn ante su padre, a fin de prepararse para resistir al adversario, no sintiò las angustias del hambre. pasò el tiempo en ferbiente oraciòn en comuniòn con Dios. Era como si hubiera estado en la presencia de su padre. buscaba forataleza para enfrentar al enemigo, y obtener la seguridad de que recibirìa gracia para llevar a cabo todo lo que habìa emprendido en favor de la humanidad. el pensamiento de la contienda que estaba ante èl hizo que se olvidara de todo lo demàs, y su alma fuè alimentada con el pan de vida, asì como seràn alimentadas hoy aquellas almas tentadas que van a Dios en busca de ayuda. Comiò de la verdad que debìa dar al pueblo, como algo que tiene poder para liberarlos de las tentaciones de Satanàs. Viò el quebramiento del poder de Satanàs sobre los caìdos y tentados. Se viò asì mismo curando a los enfermos, consolando a los desesperanzados, reanimando a los abatidos y predicando el Evangelio a los pobres: haciendo la obra que Dios habìa diseñado para èl; y no sintiò ningùn apremio del hombre hasta que terminaron los cuarenta Dias de su ayuno...
Cristo estaba ahora en el decierto, lo animales salvajes eran su ùnica compañia y todo en derredor tendìa a hacerle bien patente su humanidad. De pronto, un àngel se presentò ante èl con la apariencia de uno de los àngeles que habìa visto no mucho antes, el cual se dirigiò a èl con estas palabras:¨ Si eres hijo de Dios.¨ Esta era una insinuaciòn de desconfianza. Sus palabras supuraban la amargura que habìa en la mente de Satanàs. El matìz de su voz denotaba abierta incredulidad.

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