Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Juan 10:29
Debemos elevarnos a un grado màs alto en el tema de la fe. Tenemos tan poca fe. La Palabra de Dios es nuestro respaldo. Debemos tomarla, creyendo sencillamente cada palabra. Con esta seguridad podemos pedir grandes cosas, y de acuerdo con nuestra fe nos seràn concedidas... Si humillamos nuestros corazones delante de Dios, si buscamos morar en Cristo. tendremos una experiencia màs santa y elevada.
La verdadera fe consiste en hacer precisamente las cosas que Dios ha ordenado, no las que no ha mandado. Los frutos de la fe son la justicia, la verdad y la misericordia. Necesitamos caminar a la luz de la ley de Dios y entonces las buenas obras seràn el fruto de nuestra fe, los resultados de un corazòn renovado cada dìa...
De ninguna manera debemos convertir el yo en nuestro dios. Dios se dio a sì mismo para morir por nosotros, a fin de purificarnos de toda iniquidad . El Señor llevarà a cabo esta obra de perfecciòn en nosotros si le permitimos que nos controle. El lleva a cabo esta obra para nuestro bien y para la gloria de su nombre...
La obra de justificaciòn no puede ser realizada a menos que ejercitemos una fe implìcita. Actuemos cada dìa bajo el poder Todopoderoso de Dios que obra en nosotros. El fruto de la justificaciòn es serenidad y seguridad eternas. Si hubièramos ejecitado màs fe en Dios y confiado menos en nuestras propias ideas y sabidurìa, Dios habrìa manifestado su poder sobre los corazones humanos de una manera señalada. Por medio de la uniòn con El, por medio de la fe viviente, tenemos el privilegio de gozar de la virtud y la eficacia de mediaciòn. En concecuencia, somos crucificados, muertos y resucitados, con Cristo, para caminar en novedad de vida con EL.
No debemos sostenernos con nuestras propias manos. Debemos abandonar el yo en las, manos de Dios... Nuestra falta de fe es la razòn por la cual no hemos visto màs del poder de Dios.
Ejercitamos màs fe en nuestras propias obras que en la obra de Dios por nosotros. Dios dispuso que se hiciera todo lo posible para que pudieramos estar corazòn con corazòn, mente con mente, hombro con hombro. La falta de amor y confianza entre nosotros debilita nuestra fe en Dios.
Necesitamos orar como nunca hemos orado por el bautismo del Espìritu Santo, porque, si hubo alguna vez un tiempo cuando necesitamos ese bautismo, es ahora. No hay nada que el Señor nos haya dicho màs frecuentemente que nos concederìa, ni nada por lo que su nombre serìa màs glorificado al dàrnoslo, que el Espìritu Santo. Cuando participemos de este Espìritu, los hombres y las mujeres naceràn de nuevo...
Las almas que una vez estuvieron perdidas, seràn, encontradas y traìdas de regreso.
E.G.W.
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