jueves, 4 de noviembre de 2010

La Luz Del Cielo Brilla a Traves De Sus Seguidores

Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Mateo 5:14.

Quien se acerca a Cristo no necesita esforzarse por brillar. Al contemplar al Salvador, capta los divinos rayos del Sol de Justicia y no puede evitar el brillar .
La luz que està en èl brilla con rayos claros, relucientes, por medio de las palabras y obras de justicia. La gracia de Cristo mora en èl abundantemente y la luz del cielo brilla a travès de èl. Mediante la obediencia completa honra a Cristo y estimulado en una acciòn màs vigorosa en la causa de Dios al impartir de lo que el Señor le da. Es un portador de luz para el mundo esparcièndola sobre aquellos que estàn en la oscuridad del error. No camina apartado de Cristo, sino que permanece a su lado, conversando con El y obteniendo principios divinos de su palabra.

Anda haciendo el bien, consolando al abatido, guiando los pasos de los extraviados hacia el camino estrecho endulzando la copa amarga que muchos beben como resultado de seguir su propio camino.

Hay quienes necesitan una mano firme, segura, que los guìe a los pies de èl, a luchar luchar con valentìa las batallas del Señor.

El hombre no tiene en si mismo nada de què gloriarse. Dìgalo claramente, con un lenguaje vigoroso todo lo que tiene, su capacidad de razonar, el afecto, el habla, el dicernimiento espiritual, lo recibiò por la misericordia del Hijo del Dios infinito. Todo debe ser entregado nuevamente a Dios. La aniquilaciòn del yo es un proceso difìcil, porque el yo lucha por su existencia, y le cuesta mucho morir pero la oraciòn y la fe ponen al pecador màs dèbil en posiciòn ventajosa, donde la mano de la fe puede asirse firmemente a la mano del Salvador. En Cristo y por medio de El podemos ser màs que victoriosos.

Dios nos ha dado dicho que cada uno de sus hijos tiene una obra que realizar. A cada uno se han dado talentos de acuerdo con sus distintas habilidades. Para trabajar por el Señor no es necesario ser predicador. Hay muchos que, auque no sienten que han sido apartados para la tarea especial de predicar, de todas maneras trabajan para Cristo. El Sol de Justicia brilla sobre ellos, y revelan que son uno con Cristo. La palabra de Dios es su concejera. A medida que estudian las Escrituras son habilitados para comprender lo que leen. Trabajan en uniòn unos con otros. No habrà opiniones discordantes entre los que son instruidos por Dios. Los santos verdaderos son uno en espìritu y en acciòn. El Espìritu Santo los une, y ni aun todo el poder de los agentes satànicos pueden destruir esa uniòn.
E.G.W.

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