Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que El os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre èl. Porque èl tiene cuidado de vosotros. 1 Pedro 5:6,7.
A menudo su mente puede estar nublada por causa del dolor. Entonces no trate de pensar, sino descance y muestre que ha entregado su alma a Dios como a un fiel Creador. Es privilegio suyo mostrar en su debilidad y sufrimiento que no duda del amor de Dios hacia Ud., que sabe que es fiel el que ha prometido y que Ud. pone su alma y su cuerpo en sus manos, y que El guardarà lo que se confìe a su cuidado.
Deje que su mente se espacìe en la bondad de Dios, en el gran amor con que no ha amado, como se muestra en la obra de la redenciòn. Si no nos amara, y no nos conciderara de valor, no habrìa hecho este tremendo sacrificio.
Es grande en misericordia y gracia. Dejen que su corazòn y su mente descancen, como un niño cansado en los brazos de su madre. Sus brazos eternos estàn sostenièndola.
En todas sus aflicciones, Jesùs es afligido. Que privilegio es para Ud., afligida ahora, encontrar refugio en Jesùs.
La armadura del Evangelio parece demasiado pesada para llevar. Bien, Cristo es su armadura. Escòndase en El, y el enemigo no la atormentarà ni confundirà su fe. Jesùs le ha legado su paz.
Alabe al Señor porque ha sentido su eficacia purificadora de la sangre del Salvador. El Sol de justicia se ha levantado sobre su alma llevando la sanidad en sus alas.
Cuàn vacìa en insatisfactoria es cada cosa mundanal. Pero Jesùs, el precioso Salvador, es su sostèn espiritual. Ha ligado su vida con la de El. La palabra de su gracia es manà para el alma creyente. Las preciosas promesas de su palabra son vida, grandeza y paz.
No se preocupe. Jesùs la ama, y cuidarà de Ud. y la bendecirà. Ud. ya no puede pelear la batalla activa y agresiva, pero puede dejar que Jesùs pelee en su lugar. El dice: ¨Entrega tu caso enteramente en mis manos. Permanece tranquila y conoce que yo soy tu Dios.¨
Querida hermana: Esperamos y oramos para que el Señor le ayude y le dè fuerzas en su gran tribulaciòn. Ese Dios que vio a Natanael bajo la higuera, la ve a Ud. Y entiende su dolor y su trizteza . El Señor Jesùs serà su fortaleza en el dìa de la aflicciòn...
La Palabra es el pan vivo . Còma de èl diariamente. Serà el poder que la sostendrà para que pueda hacer todo lo que debe hacer, Infundirà vigor inmortal en su alma, perfeccionarà su experiencia y le traerà gozos reales que permanecen para siempre.
EG.W.
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