Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tù eres Dios. Salmos 90:2
La palabra de Dios y sus obras contienen el conocimiento acerca de Aquel que viò apropiado revelàrsenos. Asì podemos entender la revelaciòn que El nos dìo de sì mismo. Pero debemos estudiar esto con temor y temblor, y con el sentido de pecaminosidad, no con el deseo de explicar a Dios, sino con el deseo de obtener el conocimiento que nos permitirà servirlo màs aceptablemente.
Nadie se aventura a tratar de explicar a Dios. Los seres humanos ni siquiera se pueden explicar asì mismos, y còmo, entonces se atreveràn a explicar al Omniciente. Satanàs està listo para darles concepciones falsas acerca de Dios.
Para los curiosos traigo el mensaje de que Dios me ha instruido acerca de no dar respuestas a las preguntas de los que inquieren con respecto a cosas que no han sido reveladas. Las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos. Los seres humanos no deben intentar ir màs allà de esto. No debemos tratar de explicar aquello que Dios no ha revelado.
Debemos estudiar la revelaciòn que Cristo, el gran Maestro, a dado del caràcter de Dios, para que en espìritu, en palabra y en actos lo representemos ante los que no lo conocen.
Con respecto a la personalidad y a las prerrogativas de Dios, dònde se encuentra y quièn es, son temas que no debemos atrevernos a tocar.
Acerca de esto el silencio es elocuencia. Los que no tienen un conocimiento experimental de Dios son los que se aventuran a especular con respecto a El.
Si lo conocieran tendrìan menos que decir en cuanto a lo que es EL.
Necesitamos estudiar la sencillez de las enseñanzas de Cristo, nos representa la necesidad de orar y de ser humildes. Estas son nuestras salvaguardias contra los razonamientos erròneos con lo cuales Satanàs quiere desviarnos a otros dioses, y aceptar teorìas engañosas revestidas por èl de vestiduras de luz .
E.G.W.
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